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Las trampas mutuas

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En este país todos sienten que pueden ser más vivos que los otros. Pero también hay que estar preparado por si los vivos son otros.

El gobierno quiso ganársela espiando a la misión humanitaria y cuando trata de explicarlo no sólo se contradice, sino que sale desmentido por la Cruz Roja Internacional.

La senadora Piedad Córdoba, a quien se le reconocen todos los méritos en esta operación humanitaria y a quien se le valora también ser amiga de sus amigos, quiso llevar como “garante”, en contra de lo acordado y proclamado, a un periodista de cámara y grabadora que no tuvo ningún problema en admitir antes de partir, que iba a “hacer un documental” y que “no iba a chiviar a nadie” (cosa que finalmente incumplió chiviandolos a todos a través de Telesur y de AP).

Según informó EL Espectador, Botero ya vendió su trabajo en exclusiva a Telesur.

Y las FARC, por su lado, también se habían preparando llevando a la zona de la liberación a un equipo periodístico, en contravía de los compromisos adquiridos y anunciados por Piedad.

Y entonces para no tener que discutir sobre lo importante, llevamos una semana alegando sobre lo anecdótico.

En realidad, los colegas involucrados en los incidentes mostraron lo que siempre han hecho. Botero como todos, vive desde hace tiempo de vender historias sobre secuestrados y trabajó para Telesur cuando aquí cayó en desgracia.

El mismo dijo que estaba desagraviando a su casa. Que si el Ejercito había disfrazado a unos militares de periodistas de ese canal durante la Operación Jaque”, el tenía derecho de disfrazarse como miembro de una misión humanitaria.

Y aun después de ser vetado por el gobierno, siguió teniendo un acceso privilegiado a Piedad. Y el canal venezolano tuvo en las liberaciones de Jara y de López, la posibilidad de entrevistarlos primero que los demás.

¿Fue nuevamente la mano reivindicativa de Botero la que les pasó el teléfono?

Hollman Morris se fue por el atajo que los otros periodistas no tomaron y hoy muchos se lo reconocen como una osadía. Pero no lo tomaron por una de dos razones: por que creyeron en el acuerdo de que no habría prensa en la zona de liberación, o porque no tienen o no quieren tener la indispensable mano de las Farc para llegar hasta el lugar.

Botero se sorprendió de que Morris se le hubiera adelantado y tuviera primero a los secuestrados (“le dañaron su chiva” le dijo Daniel Samper) y fue curiosamente Botero, quien al llegar a Villavicencio contó (¿denuncio?) que el colega estaba allí.

Lo que vino después ha sido confuso. Según Botero, Morris estaba con Radio Francia Internacional.

Esa empresa negó haber encargado el trabajo y anunció que no emitiría las entrevistas con los cautivos. Morris dijo que era el quien había decidido no publicarlas, pero para completar el enredo, Semana afirma que Morris intentó vender por 3000 dólares el material a Al Jazeera, y que lo envió con un miembro de la misión humanitaria (¿?).

Daniel Samper obró con prudencia, aunque no dejó de tomar apuntes como buen reportero y era iluso pensar que no lo haría.

Mantuvo su silencio frente a los medios hasta que saliera el último liberado, pero su hermano Ernesto sí se refirió al día siguiente de ese polémico domingo a lo que según él, Daniel le había contado.

Samper (Daniel) tuvo además la cortesía de echarles el rollo a otros periodistas, sin reservarse la primicia para su periódico, marcando una clara diferencia con su compañero garante.

Por eso pudo hablar con contundencia y salvo el ministro de Defensa, nadie más a tratado de desmentirlo.

Lo que queda es que en este juego, a todos los que quisieron meterle un gol a los otros, aunque fuera “de buena fe”, las cosas les salieron mal.

Como le han salido mal al Gobierno cuando trata de tapar sus equivocaciones con otras: manejar las declaraciones de los primeros liberados en la Casa de Nariño, censurar a los reporteros de Villavicencio y estigmatizar a los periodistas involucrados, sin poder aclarar su propio papel.

Esta actuación periodística de la semana la completan algunos columnistas que salen a descalificar las declaraciones de los liberados. ¿Que podrán sentir estos hombres que creen volver a la libertad cuando se enteran de que los están lapidando por decir lo que piensan y sienten? Queremos que hablen, pero si dicen algo que no gusta, los descalifican.

Sigifredo López sabía lo que le esperaba y en su discurso de libertad dijo: “¿Como es posible que se hagan grandes movilizaciones para que volvamos a la vida y cuando volvemos a la vida y cuando volvemos, nos dicen que estamos haciendo un Show?

Una ves más, en este capítulo de la historia colombiana afloraron algunas de nuestras constantes: la viveza, la desconfianza y la doble moral.

¿Por qué no hablamos mejor de cómo sacar a los demás secuestrados urgentemente, antes de que ocurra lo de la galleta de Alan Jara?
Dario Fernando Patiño

Fuente: El Espectador

Informe Fecolper 2008

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Prensa entre el control y la libertad

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Los colombianos escuchamos en los últimos días las versiones de los policías y el soldado liberados y la del ex gobernador Alan Jara, tras más de siete años de cautiverio.

Con un inocultable tono propagandístico y de consigna de guerra, los primeros hicieron recordar las declaraciones del policía Pinchao y las dudas que rodearon su versión. Fue impactante, por el contrario, la sinceridad del ex gobernador.

Hubo entre estas versiones sobre el secuestro, una diferencia similar a la que distingue la información oficial de la que dan los medios libres.

Los medios de comunicación que registraron con avidez las muy ricas y noticiosas respuestas del ex gobernador en una cálida rueda de prensa, acababan de vivir dos jornadas de tensión, generadas por agentes oficiales.

Para el ministro de Defensa los periodistas Hollman Morris y Jorge Enrique Botero son idiotas útiles al servicio de la guerrilla, mientras que para el alto comisionado para la paz, los medios de comunicación podrían interferir y debían permanecer alejados de la plataforma del aeropuerto de Villavicencio, donde debería llegar el ex gobernador recién liberado.

La medida fue rectificada tan intempestivamente como en el día anterior se había rectificado la decisión presidencial de excluir a la senadora Piedad Córdoba de la Comisión de liberación.

El dilema

De la discusión que motivaron estos hechos resultó que, como en el resto del mundo, aquí la sociedad y el gobierno deben optar por un régimen de prensa controlada para prevenir abusos y errores de periodistas y medios y tener una información favorable, o por una prensa libre de presiones y limitaciones oficiales, pero con la posibilidad de que se cometan errores, se incurra en abusos y se multiplique la crítica.

Una prensa sometida a controles oficiales correría el muy cercano peligro de convertirse en altavoz de la verdad única del gobierno, dominada por las medias verdades de la propaganda y sorda a las expresiones de la oposición y de la población.

Contaría como recurso único con los boletines oficiales y con el material informativo de las oficinas de prensa del estado.

Sería una información no creíble, con una visión incompleta y deformada de la realidad, pero sin los excesos y abusos de las empresas periodísticas privadas.

Disminuirían las molestias que acaban de generar las denuncias de Botero, o las suspicacias de los militares que detuvieron y denunciaron a Morris.

La versión calculada y mesurada de los textos oficiales les ahorraría sobresaltos a gobernantes y gobernados. Pero este terapéutico control de la prensa muy pronto estaría en la mira de quienes llegaran a preguntarse: ¿y quién controla al controlador? Sin controles.

Una prensa sin controles oficiales no es una prensa descontrolada, sino sometida a otra clase de fiscalización: la de los lectores, en primer lugar y la de los propios medios de comunicación y de los profesionales de la prensa.

Pero es una prensa con irritantes características: su extrema dependencia de los intereses de los empresarios, su inclinación a la levedad, como argumento de ventas; su persistencia en convertir la intimidad de las personas en mercancía; sus reiteradas imprecisiones y las multiplicadas concesiones a lo publicitario, pero sobre todo, su posibilidad de ser opositora o simplemente crítica.

Así, la sociedad tiene que padecer esas proclividades, debilidades y errores que, al hacer crisis, hacen mirar con nostalgia la mano recia de controladores y censores de la prensa. Se plantea entonces el dilema: ¿qué es preferible para la sociedad: la voz única oficial en que se convierte la prensa bajo control, o las voces múltiples, imperfectas y cuestionadoras de la prensa libre?

Los prejuicios

Las jornadas de la liberación de los seis secuestrados revelaron las prevenciones y prejuicios de los militares hacia la prensa.

Cuando detuvieron al periodista Hollman Morris revivió una antigua presunción de militares y gobernantes que hace razonar así: puesto que el periodista llegó hasta el sitio donde la guerrilla entregó los secuestrados, es porque cuenta con una ayuda que los guerrilleros sólo proporcionan a sus cómplices y partidarios; de lo contrario, ¿cómo es posible que un periodista llegue hasta lugares y contacte personas a las que las Fuerzas Armadas no han podido acceder?

La preocupación se agrava con la sospecha que cubre al médico que atiende a un guerrillero enfermo o herido, o al abogado que defiende a un narcotraficante que se expresa en estos términos: puesto que parecen amigos de los enemigos, deben ser enemigos y han de ser tratados como tales.

Según el criterio más acogido en las oficinas de prensa oficiales, el periodista les debe a las instituciones la cuota patriótica de su lealtad, entendida esta palabra como renuncia a la crítica y total disponibilidad para hacerles eco a las informaciones institucionales.

Es una regla que se rompió en 1854 cuando Howard Russell, corresponsal de la guerra de Crimea, cubrió la batalla decisiva montado en una mula y confiado en los datos que personalmente pudo obtener.

Al dar cuenta de la cruel derrota del ejército inglés, fue calificado como antipatriota por los predecesores del ministro de defensa colombiano quien descalificó a Morris y a Botero como idiotas útiles de la subversión, porque se habían negado a ser idiotas dóciles de lo oficial.

Pero no todo fue negativo para los medios de comunicación en estos días. Como lo han dicho los liberados y lo reiteró Alan Jara, sin los medios de comunicación que les inyectaron vida y esperanza, su secuestro habría sido más duro.

Con todas sus polémicas características, las de Jorge Enrique, más periodista que testigo invitado por la comisión; las de Hollman, en contravía de la verdad oficial y de los intereses publicitarios del gobierno; las de la televisión, sentimental, redundante y comercializada pero presente, a pesar de todo esto, es preferible y más saludable para la democracia una prensa así, que una prensa controlada por los funcionarios. Además, es más democrático.

De Javier Darío Restrepo en Terra Magazine

FECOLPER y Ceso – FIP visitan Pradera para hablar del fortalecimiento gremial

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La Federación Internacional de Periodistas, la Federación Colombiana de Periodistas
y la Corporación de Comunicadores de Pradera

Invitan al encuentro:
Fortalecimiento gremial por un
periodismo libre, responsable y seguro

Sábado, 31 de Enero
Hora: 8.30 am
Lugar de eventos VILLA AURA, vía a Florida KM 1
Conferencista: Eduardo Márquez G., Presidente de la FECOLPER
y representante de la FIP en Colombia

“Sobrevivir”, es el verbo que hoy día guía nuestro trabajo

La insensata degradación de nuestra confrontación bélica, por una parte, y los atrabiliarios vínculos laborales que han impuesto muchos medios de comunicación, convirtieron el ejercicio del periodismo en una quimera, donde la verdad y el compromiso informativo con la comunidad, cedieron frente a la necesidad de sobrevivencia de los reporteros.

A lo largo y ancho del país, más de mil periodistas decidieron afrontar los obstáculos, creando así la Federación Colombiana de Periodistas, FECOLPER.
En la actualidad, FECOLPER representa los esfuerzos de más de 1.250 periodistas en 19 departamentos del país, por mejores condiciones sociales y laborales para nuestro gremio.

La Federación Internacional de Periodistas, FIP, es la única organización mundial de periodistas con más de 600 mil afiliados en 126 países.

«Unión nacional para un periodismo libre, responsable y seguro»

FECOLPER y Ceso-FIP condenan crimen de periodista en Ecuador y rechazan cerco informativo en Tolima

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En el fondo de una zanja, en el barrio San Felipe, a las afueras de Tulcán, Ecuador, fue encontrado el cadáver de la colega María Eugenia Guerrero, ex conductora del programa ‘Frontera Abierta’ que se emite a través de Radio Integración Stéreo de Ipiales, Nariño, al sur de Colombia.

El hallazgo del cuerpo de la periodista de 24 años, quien fuera reina de belleza en la población de Aldana, fue hecho por una niña que sacó a pasear su perro, el pasado jueves 5 de febrero. Su identidad logró ser establecida luego que la policía de Tulcán cotejara sus huellas digitales y analizara un teléfono celular encontrado junto a ella.

El médico forense que realizó la autopsia  al cadáver  informó , que antes de ser asesinada a golpes, la periodista había sido ultrajada sexualmente. Fue tal el nivel de violencia de la agresión que perdió parte de su cráneo.

Maria Eugenia fue vista con vida por última vez el pasado lunes, cuando manifestó su intención de viajar a Ipilares donde realizaba algunas colaboraciones periodísticas. Trascendió que su novio, está desaparecido.

“Enviamos nuestras más sentidas condolencias a los familiares y colegas de María Eugenia”, dijo Eduardo Márquez, Presidente de la Federación Colombiana de Periodistas, FECOLPER, y Director del Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas, Ceso-FIP. También hizo un llamado tanto a las autoridades ecuatorianas como a las colombianas para realicen una investigación, binacional seria, y lleven ante la justicia al o los responsables de tan horrible crimen.

CERCO INFORMATIVO

Una docena de periodistas que trabajan en el convulsionado norte del departamento de Tolima, se comunicaron con las directivas de FECOLPER para manifestar su inconformidad con el cerco informativo creado por las autoridades militares y de policía, respecto a hechos relacionados con orden público y actividades de la delincuencia común.

Mientras para las autoridades “no pasa nada”, las bandas de delincuentes, generalmente dirigidas por desmovilizados de los grupos paramilitares de extrema derecha, hacen de las suyas, como ayer y hoy, cuando se produjeron tres asaltos no reportados o minimizados por las autoridades en la ciudad de Mariquita o los frecuentes insucesos ocurridos en Fresno.

Al respecto se pronunció Márquez: “Flaco servicio el que le hacen a la comunidad, las autoridades que engañan por omisión. La información, vehículo del derecho ciudadano a la información, es un bien público, protegido por la Constitución”. Finalmente, el presidente de FECOLPER, puntualizó que al obstruir el trabajo informativo –lo cual es un delito- no se cambia la realidad pero si se deja inerme a una ciudadanía que confía en sus autoridades.

Federación Colombiana de Periodistas, FECOLPER
La FECOLPER representa a más de 1250 periodistas en 19 departamentos del país

Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas, Ceso-FIP
La FIP representa a más de 600 mil periodistas en 120 países

 

Amenaza en Tolima, coacción gubernamental en Huila y restricción presidencial en Meta

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Cuando faltan apenas dos días para la celebración del día del periodista, tres agresiones contra el ejercicio periodístico, muestran las grandes dificultades que los reporteros deben padecer, para mantener informados a los colombianos:

En el norte del Tolima, mediante panfleto electrónico, los colegas Rodrigo Callejas y Pedro Cárdenas fueron declarados  objetivo militar por el grupo paramilitar Águilas Negras; el pasado 5 de febrero, el alcalde de Timaná, Huila,  anunció, públicamente, que hará todo lo que esté a su alcance para callar a la periodista Gisela Hurtado, Directora del Noticiero La Voz de la Región; y finalmente, en el presidencial Consejo Comunitario que se realiza hoy, en Villavicencio, se establecieron rígidos limites al acceso de la prensa regional.

AGUILAS INTOLERANTES

En el primero de los casos de intolerancia contra periodistas, un mensaje enviado al correo electrónico del Director del mensuario El Puente, que se edita en la ciudad de Honda, Tolima, el autodenominado Grupo de Limpieza Social-Águilas Negras, anunció que declara “objetivo militar” a nuestros afiliados Rodrigo Callejas y Pedro Cárdenas. Este último, Director del periódico La Verdad, cuenta con medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, por múltiples amenazas y agresiones físicas en su contra.

El pasado 24 de enero, la policía de Fresno, Tolima, retuvo a un desconocido que preguntaba por el lugar de residencia y las rutinas del colega Callejas. Sin embargo, y dado que no había cometido ningún delito, fue dejado en libertad pocas horas después.

Rodrigo Callejas es director del mensuario Región al Día, corresponsal de Radio Lumbí, de Mariquita, y colaborador del informativo que realiza la Gobernación del Tolima en su emisora. En mayo del 2007, fue amenazado por el comandante de un frente de las FARC, y dado que tuvo que huir de la región, el trasmisor de Fresno Estéreo fue apagado, definitivamente, tres meses después.

PELIGROSO ALCALDE

Por su parte, la colega Gisela Hurtado, Directora del noticiero La Voz de la Región que se emite a través de Fiera de Timaná, afiliada a la cadena RCN, informó al Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas, Ceso-FIP, la manera como el alcalde del municipio, Sergio Díaz Triana, en una reunión realizada el pasado 5 de febrero, donde estaban presentes tanto el personero de Timaná, como concejales y presidentes de Juntas de Acción Comunal, manifestó que haría  ”hasta lo imposible” para cerrar el noticiero. Igualmente y en tono agresivo, dijo “voy a callar” a la periodista.

Gisel explicó que supone el origen del malestar de este funcionario público, en la difusión de información sobre una iniciativa popular que busca revocar su mandato. Pero puntualiza que lo ha hecho “simplemente porque eso es noticia, aquí o en Cafarnaún” y que también ha manifestado su disposición a abrir un espacio de debate a los defensores de la administración municipal.

La colega Hurtado explicó que no recibe publicidad de la alcaldía de Timaná, pero que se ha enterado de presiones ejercidas por el alcalde Díaz para que los municipios cercanos, no pauten en su noticiero. Igualmente relató la manera como, el año pasado, fue víctima de agresión verbal por parte del Jefe de Control Interno de la Alcaldía, Ángel Reinaldo Luque, cuando entrevistaba a un funcionario de la gobernación del Huila. El hecho fue puesto en conocimiento tanto de la Personería de Timaná como de la Procuraduría Provincial de Garzón, Huila, sin que hasta la fecha hayan realizado un pronunciamiento.

TRISTE RETALIACION

Finalmente, mediante llamadas al Presidente de la Federación Colombiana de Periodistas, Eduardo Márquez, quien se encontraba en la ciudad de Villavicencio -en el marco de la celebración del día del periodista-, varios reporteros le manifestaron su inconformidad con el discriminatorio trato dado a los periodistas, durante el Consejo Comunitario que se realiza en la ciudad, encabezado por el Presidente de la República, Álvaro Uribe.

A diferencia de otras ocasiones, en las que los reporteros tenían fácil acceso a los representantes del gobierno central, esta vez, se les adjudicó una especie de foso, en la parte trasera del lugar de reunión, desde donde solamente pueden realizar su trabajo los camarógrafos, gracias a los teleobjetivos.

Frente a esta racha de agresiones contra periodistas de distintas partes del país, Márquez declaró: “A los agresores de Rodrigo Callejas les decimos: desde que ustedes iniciaron labores de inteligencia, nosotros actuamos en consonancia, advirtiendo a nuestras redes nacional e internacional de alerta. Hace dos años, Rodrigo perdió su empleo por cuenta de la extrema izquierda; hoy, la extrema derecha amenaza, mostrando que los extremos siempre terminan por unirse; esta vez, contra el derecho ciudadano a la información. Pero ustedes deben saber que ni Rodrigo, ni Pedro Cárdenas están solos, pues tras ellos están los ojos y la capacidad de información de más de 600.000 periodistas del mundo entero”.

Sobre los anuncios del Alcalde de Timaná, el dirigente gremial, nacional, le respondió: “Ayer mismo radicamos nuestra queja en su contra, para que le explique a la Procuraduría General de la Nación, lo que para usted significa callar a nuestra colega, porque esa afirmación puede estar rayando con el Código Penal”. También recordó que por mandato constitucional las autoridades deben proteger a todos los residentes en Colombia, en sus derechos y libertades y, por lo tanto, no pueden amenazar a ningún ciudadano. Igualmente, que la Constitución protege la libertad e independencia profesional de la actividad periodística.

Finalmente, en cuanto a la restricción a los periodistas de Villavicencio, Márquez comentó: “Dejar a los periodistas en la parte de atrás del Consejo Comunitario e impedir su movimiento, en una situación de “como que si-como que no”, tiene un tufillo retaliatorio por parte de Presidencia de la República, por haber impedido la censura de prensa que su Consejero de Paz intentó aplicar, hace sólo dos días, aquí mismo, durante la liberación del Alan Jara… en términos de democracia, el hecho, habla por si mismo”.

Federación Colombiana de Periodistas, FECOLPER
La FECOLPER representa a más de 1250 periodistas en 19 departamentos del país

Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas, Ceso-FIP
La FIP representa a más de 600 mil periodistas en 120 países

Ceso-FIP rechaza detención de periodista por parte del Ejército Nacional en Caquetá, Colombia

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El periodista Hollman Morris fue detenido hoy, 2 de febrero, por miembros del ejército en el corregimiento Unión de Peneya, entre los municipios de Paujil y Cartagena del Chairá, en el amazónico departamento de Caquetá, al suroccidente de Colombia.

La Sargento Teresita Tabares, de la Dirección de Derechos Humanos de la Policía Nacional confirmó la detención de Morris, por parte del ejército, al Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas, Ceso-FIP. El ejército solicitó la presencia de la policía judicial para examinar un material que portaba el periodista.

Diana Izquierdo, funcionaria de la Dirección de Derechos Humanos del Ministerio del Interior y de Justicia, de igual manera confirmó la detención del Director del programa de televisión Contravía al Ceso-FIP, y afirmó que la Cancillería colombiana estaba enterada del hecho. Entre tanto, el Centro de Solidaridad presentó el caso ante la Coordinadora de la Comisión de Derechos Humanos del Senado de la República y Diana Botero, funcionaria del Programa Presidencial de Derechos Humanos.

Después de seis horas de detención, el periodista fue dejado en libertad. Según el Secretario de Gobierno del Caquetá, los militares adscritos a la Brigada XII del Ejército, realizaban un procedimiento de verificación de la identidad del periodista.

“Es preocupante el hostigamiento gubernamental contra el periodista Hollman Morris. Independientemente de lo que él estuviera cubriendo, la Constitución Nacional garantiza la libre movilidad de los periodistas y la inviolabilidad de su material informativo”, afirmó Eduardo Márquez, Director del Ceso-FIP y Presidente de la Federación Colombiana de Periodistas, FECOLPER. El dirigente gremial hizo referencia al Artículo 73 de la Constitución Política que garantiza la protección a la actividad periodística, su libertad e independencia profesional, y alertó de la vulneración del derecho a la libertad de información consagrado en el artículo 20.

También se vulnera de esta manera el artículo 13 de la Convención Americana de Derechos Humanos, sobre libertad de expresión y de información. El tratado internacional fue ratificado por el gobierno colombiano.

Vale la pena recordar en el 2005, Morris fue víctima de retención arbitraria y decomiso temporal de su material periodístico por parte de miembros de la Armada Nacional, en momentos en que realizaba un informe sobre la situación de orden público en el selvático departamento de Putumayo, al sur del país.

En la actualidad Morris es beneficiario de medidas cautelares decretadas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Federación Colombiana de Periodistas FECOLPER

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Para mayor información, visite http://fipcolombia.com/noticiasVer.php

«Polémica en torno al acoso del ejército a tres periodistas que cubrieron la liberación de rehenes»

Reporteros sin Fronteras pide al gobierno que se explique sobre el trato del ejército a Hollman Morris, productor y presentador del programa «Contravía» en el canal público nacional Canal Uno, también corresponsal de Radio Francia Internacional, su camarógrafo Leonardo Acevedo y Camilo Raigozo, del semanario comunista Voz, el 2 de febrero de 2009 en el Departamento de Caquetá (Sur).

«No es la primera vez que estos periodistas, conocidos por sus posturas críticas con la administración de Alvaro Uribe, son objeto de intimidaciones y acusaciones que llegan desde muy arriba, incluido el Presidente de la República. El gobierno no puede culpar decir que Hollman Morris no cumple con las medidas cautelares y, al mismo tiempo, que hace más precaria su seguridad acusándole falsamente de estar próximo a las FARC. Por otra parte, los periodistas no han difundido nunca el contenido de algunas grabaciones que efectuaron presionados por la  guerrilla. ¿Qué esperaban los militares quitándoles el material ? El Ministerio de Defensa tiene que explicarse sobre un procedimiento que puede compararse a un intento de censura y una limitación de la movilidad de los periodistas», ha declarado Reporteros sin Fronteras.

El 2 de febrero de 2009, Hollman Morris y sus colegas acababan de cubrir la puesta en libertad de cuatro rehenes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) cuando unos militares les controlaron en varios cordones exigiendo, en vano, que les entregaran sus grabaciones. Los periodistas se habían entrevistado con los tres policías y el soldado que iban a quedar en libertad. Pudieron regresar a la capital el 3 de febrero.

El gobierno colombiano ha acusado a Hollman Morris de no dar muestras «de objetividad e imparcialidad en su trabajo que debe acompañar la labor periodística» y, una vez más, se ha referido a un supuesto «vínculo» con las FARC. El productor de «Contravía» se ha defendido argumentando que no ha difundido el contenido de esas grabaciones, porque los rehenes no hablaban libremente. Según la Agencia France-Presse (AFP), los propios rehenes han asegurado que los guerrilleros amenazaron con no liberarlos si no decían lo que querían.

Otra polémica que viene a sumarse a la anterior. Hollman Morris, al que han amenazado varias veces y se ha visto obligado a exiliarse, está incluido en un programa de protección, supervisado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y bajo la responsabilidad del gobierno colombiano. De acuerdo con el gobierno, al cubrir una operación de libertad de rehenes supuestamente «prohibida a la prensa», el periodista habría comprometido la responsabilidad de las autoridades encargadas de su seguridad personal. En la última rueda de prensa, Alvaro Uribe calificó a Hollman Morris de «permisivo y cómplice del terrorismo» también sugerió examinar las medidas de seguridad de las cuales es beneficiario el periodista.

Hollman Morris, un periodista premiado en varias ocasiones y excelente conocedor del conflicto colombiano, ya fue objeto de una campaña de calumnias puesta en marcha por el movimiento paramilitar, fundamentalmente mediante un vídeo que le presentaba, junto a otras personalidades, como «portavoz de las FARC».

(Leer el comunicado del 14 de abril de 2006 http://www.rsf.org/article.php3?id_article=17083). Con frecuencia se ha visto amenazado de muerte por los Aguilas Negras, un grupo paramilitar reconstituido tras la desmovilización en 2006 de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC). El director del semanario Voz, Carlos Lozano, vive una situación parecida.

Fuente: Reporteros Sin Fronteras Contacto: ameriques@rsf.org – www.rsf.org

«Sobre los periodistas en las recientes liberaciones»

La columnista de El Espectador y reconocida periodista, Cecilia Orozco, analiza la manera como los dos periodistas que cubrieron las recientes liberaciones de secuestrados por la guerrilla, terminaron en la picota pública como responsables de decisiones tomadas por el propio gobierno.

Preguntas inquietantes Por: Cecilia Orozco Tascón

Para desmontarse por las orejas, vuelve y juega el argumento de que los periodistas son los culpables de todo.

El Gobierno intenta zafarse de su responsabilidad por el fracaso en que pudo terminar la operación de entrega de los cuatro uniformados y por el peligro en que puso a los asistentes al acto de entrega, no a la presencia de aviones militares en la zona de encuentro con la comisión humanitaria, sino a que Jorge Enrique Botero hubiera contado en Telesur que eso estaba ocurriendo.

Primero, la administración Uribe negó tajantemente que el reporte de Botero fuera cierto. El comisionado Luis Carlos Restrepo aseguró ante las cámaras que las versiones sobre seguimiento de la Fuerza Aérea a la comisión eran falsas y reiteró que el Ejecutivo había “honrado su compromiso” con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) de suspender las acciones militares desde la medianoche del sábado. Horas después, cuando el periodista declaró que tenía pruebas en audio y video de sus afirmaciones, la Casa de Nariño modificó su posición, no sin antes aguantarse la explosión de ira del poderoso jefe de Estado por sentirse confrontado.

Entonces aparecieron el propio Restrepo y el ministro Juan Manuel Santos para aclarar que sí hubo sobrevuelos. El Ministro, muy en su estilo, quiso disfrazar el delicado incidente como si fuera normal. Añadió que no se violó el acuerdo con el CICR. Éste se habría sentado a pactar las condiciones de entrega sin excluir los sobrevuelos por encima de los 20 mil pies, con el Ministro y los comandantes de Fuerza Aérea y Ejército. Santos echó otro cuento: los vuelos también se hicieron para “controlar las pistas clandestinas que pudieran ser aprovechadas” en ese “espacio tan grande”. Entre tanto, el presidente Uribe ordenaba expulsar a los miembros de la comisión, incluido el columnista Daniel Samper Pizano —quien no hubiera podido ser más prudente—, y hasta a Piedad Córdoba. En la mañana ya había echado reversa sólo respecto de Piedad, y eso, porque la Cruz Roja se lo pidió.

Al día siguiente, el Gobierno tomó nuevo impulso contra los comunicadores. Le solicitó a la Fiscalía investigar al periodista Hollman Morris por el “delito” de estar con sus cámaras en el lugar de la entrega. Pero en cuestión de minutos el Ministerio de Defensa ya había tomado sus propias medidas: militares interceptaron a Morris en un centro de internet de La Unión Penaya en Caquetá. Lo conminaron a ir a la base y le exigieron entregar sus videos. Morris gritó en plena calle que era reportero y tal vez porque la escena era inquietante, el representante de la Defensoría del Pueblo acudió en su auxilio. No obstante, fue retenido sin orden de autoridad competente durante seis horas y fue filmado y fotografiado por la Policía Judicial. ¿Reseñado como delincuente?

Preguntas en cuanto al ejercicio libre de la profesión: ¿Desde cuándo hay delito de información en Colombia? ¿Cuándo se aprobaron y definieron las zonas del territorio nacional vedadas para los periodistas? ¿En cuál artículo del Código Penal está descrito el tipo delictivo de “entrevistar a guerrilleros”. ¿Por qué nunca se denunció a los que hablaron con Carlos Castaño o Salvatore Mancuso? En cuanto a la Cruz Roja: ¿Es cierto que funcionarios suyos pactaron con los militares sobrevuelos por encima de 20 mil pies? ¿Está permitido que el CICR acuerde condiciones con una de las partes sin consultar a la otra? ¿Los protocolos de Ginebra autorizan presencia de aviones militares en el lugar donde se realizan actos de intercambio humanitario?

Fuente: El Espectador

Ceso-FIP y FECOLPER condenan amenazas de muerte contra periodistas en Barranquilla

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El Centro de Solidaridad de la Federación Internacional de Periodistas, Ceso-FIP, y la Federación Colombiana de Periodistas, FECOLPER, condenan las amenazas de muerte contra periodistas hechas por supuestos grupos de extrema derecha, en la ciudad de Barranquilla, Departamento del Atlántico, a 969 kms. de la capital del país.

Un primer panfleto, con la firma del Frente Común de Ultraderecha Paramilitar, donde se declara objetivo militar a 20 personas, entre sindicalistas, veedores, ciudadanos y una periodista, fue distribuido durante las protestas realizadas por ex-trabajadores del sector educativo y de la empresa estatal Metrotránsito, realizadas la semana pasada, frente a la  Alcaldía de la ciudad. El comunicado indica que el grupo de ciudadanos mencionados, son opositores de la re-estructuración administrativa del gobierno local.

Cinco días después, un segundo impreso, firmado, aparentemente, por el grupo extremista  Águilas Negras, cita un nuevo listado de personas declaradas objetivo militar, entre los que figuran 14 periodistas, varios de ellos afiliados a la Asociación y Cooperativa de Comunicadores Sociales del Atlántico, ACSA y la COOPERCOM, filiales de FECOLPER.  “(…) queremos advertirles que se cuiden porque los vamos a castigar con el poder de las armas. Cierren la boca o los jodemos». El libelo llegó al diario La Libertad, periódico que ha cubierto el debate sobre los cambios administrativos de la ciudad.

Ex alcalde de Barrancabermeja condenado a pagar 28 años de cárcel por crimen de periodista

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Informe sobre Impunidad de asesinatos de periodistas

El 20 de septiembre de 2007, Giovani Alvarez, quien de lunes a viernes salía al mediodía de la emisora en la que hacía su programa radial en Sabanalarga, Atlántico, no llegó a su casa a almorzar. Llamó a su esposa y le dijo que viajaría a Barranquilla. Hoy le agradece a Dios haber tomado esa decisión porque a las afueras de su residencia lo esperaban para matarlo.

Según la Fundación para la Libertad de Prensa , Flip, Álvarez es uno de los 32 periodistas colombianos que tuvieron que salir de su lugar de origen entre 2004 y 2008 por amenazas contra su vida, producto de su oficio. Sin embargo, otros como Amparo Jiménez ya no tienen la oportunidad de contar su historia.

El 11 de agosto de 1998, Jiménez fue asesinada en su casa luego de llevar a su hijo al colegio. La profesional era corresponsal en Valledupar de los noticieros de televisión Q.A.P. y En Vivo, y coordinadora de la organización no gubernamental Redepaz. Un sicario le propinó tres disparos en la cabeza.

Por este hecho, el 20 de junio de 2002 el paramilitar Libardo Prada Bayona fue sentenciado a 37 años y 8 meses de cárcel por homicidio agravado. Hoy se encuentra encarcelado, pero todavía se deconoce quién le pagó por el crimen.

Un informe de la Sociedad Interamericana de Prensa, SIP, dice que Amparo Jiménez había sido amenazada por militares y paramilitares por tener en su poder un material grabado que contenía denuncias sobre el desalojo de 170 familias que ocupaban los predios de una hacienda, propiedad del ex congresista y ex embajador Carlos Arturo Marulanda.

Del hecho sólo quedan los recuerdos de una gran mujer, entregada a su familia y a su profesión y presunciones de los que pudieron haber participado en el crimen. Nada más.

En 2001, Marulanda fue capturado por otros cargos en España, y aún se investiga la participación en el homicidio del grupo ‘Los Chamizos’ y del ex jefe paramilitar Hernán Giraldo Serna, del Bloque Resistencia de las autodefensas.

Desconcierto. Las cifras de crímenes contra los periodistas son preocupantes: un informe de la Flip indica que entre 1977 y 2007 fueron asesinados en el país 136 comunicadores y que, pese a lo dramático de semejante cifra, no hay condenas contra ningún autor intelectual. Pero una excepción confirma la regla:

La semana pasada, una jueza sentenció a 28 años y cuatro meses de cárcel al ex alcalde de Barrancabermeja, Julio César Ardila, por el homicidio del periodista José Emeterio Rivas, director de la emisora comunitaria ‘Calor Estéreo’, hallado el 6 de abril del 2003 en un paraje rural entre Barracanbermeja y Bucaramanga.

Juan Pablo Ariza, candidato al concejo municipal de esa ciudad, y el político Abelardo Rueda Tobón, también fueron condenados a 26 años y cuatro meses de cárcel.

La libertad de prensa es patrimonio constitucional y su defensa es deber de la sociedad entera, así lo entendió la juez en este caso.

La muerte de Jaime Garzón

El 13 de agosto de 1999, el reconocido periodista y humorista Jaime Garzón recibió 6 disparos, cuatro en la cabeza y dos en el cuello, cuando se dirigía a la emisora Radionet donde tenía un espacio en un noticiero. Salió muy temprano en la mañana en su camioneta, se estacionó a esperar que el semáforo cambiara de luz, y de repente aparecieron dos sujetos en una motocicleta, quienes le propinaron los disparos.

Casi diez años después del asesinato, no hay ninguna persona capturada. Juan Pablo Ortíz Agudelo y Edilberto Sierra, detenidos preventivamente como presuntos autores materiales del homicidio, fueron juzgados y absueltos. El 10 de marzo de 2004 se dictó la única condena en este proceso: el ex jefe paramilitar Carlos Castaño, quien habría sido asesinado por miembros de las autodefensas, fue condenado a 38 años de cárcel. El 9 de mayo de 2008, el desmovilizado paramilitar Diego Fernando Murillo, alias ‘Don Berna’, señaló que el autor material del crimen de Garzón fue Carlos Castaño.

Amenazas

El periodista Emeterio Rivas era el director del programa de Investigación contra la Corrupción Administrativa en Barrancabermeja. Rivas había recibido amenazas por denunciar presuntas irregularidades en la contratación de Barrancabermeja a favor de los paramilitares de la zona.

Cifras

Los autores .Un informe de la Flip señala que en la mayoría de los casos los presuntos autores de los crimenes son narcotráficantes, paramilitares y las guerrillas del ELN y las Farc.

Giovani Alvarez .“Extraño mi tierra y mi hijo mayor, quien todavía vive en Colombia, porque el país que me acogió no lo recibía por su mayoría de edad. No regresó allá porque nadie garantiza que estaré a salvo. Estaba dedicado a ayudar a la gente a través de mi oficio, pero las cosas terminaron mal”.
La impunidad le hace más daño al periodismo que las balas: SIP

La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) destaca la decisión de la Juez Primera Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga, Nelly Vallejo Aranda, quien condenó al ex alcalde de Barrancabermeja, Julio César Ardila Torres, a 28 años y 4 meses por el crimen contra el reportero José Emeterio Rivas.

Además, considera que “se trata de un hecho muy significativo porque, por primera vez en mucho tiempo, se condena al autor intelectual de un crimen contra un periodista”.

Y es que, en efecto, la peor enemiga de los periodistas en Colombia es la impunidad, ya que ha cubierto con su manto a muchos de los autores intelectuales de estos homicidios, lo que le ha dejado la puerta abierta a otros para que cometan los mismos crímenes.

Por ello el presidente de la SIP, el periodista colombiano Enrique Santos Calderón, hasta hace poco director de El Tiempo y hoy convertido en consejero de Contenido de dicho diario, resaltó, además, “el mensaje que el Poder Judicial colombiano está enviando en este caso para ir erradicando la impunidad, que ha sido por muchos años el generador de violencia”.

La Fundación para la libertad de Prensa, Flip, también celebra la condena. La Fundación señala que la decisión judicial constituye un pequeño, pero importante avance en la lucha contra la impunidad de los crímenes contra periodistas.

De igual forma, hace un llamado a las autoridades que actúen con la misma eficacia y voluntad en los demás procesos pendientes.“En muchas de éstas existe información suficiente para hallar a los responsables de estos hechos”, dice.

Y no es para menos, puesto que el panorama es muy desalentador a la hora de hablar de libertad de prensa en Colombia.

Según un informe de la Flip, el cual analiza la impunidad en las investigaciones contra los asesinatos a periodistas, entre 1992 y 2006, encontró que de los 98 crimenes cometidos en ese período, 22 permanecen en etapa preliminar o de investigación, mientras seis fueron suspendidos por faltas procesales o precluidos, seis fallos absolvieron a los sindicados y tres de ellos terminaron con condenas.

Fuente: El Heraldo

El Presidente de FECOLPER habla sobre la impunidad de los ataques contra los periodistas

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foto tomada de: google images

La impunidad de los ataques contra los periodistas en América Latina es el caldo de cultivo para que se perpetúen, afirmó este lunes en Lima el presidente de la Federación Colombiana de Periodistas (FECOLPER), Eduardo Márquez.

Márquez señaló que la falta de respuesta que reciben los crímenes contra los reporteros son un «incentivo» para que los «criminales y los corruptos» persigan a los profesionales en el ejercicio de su labor.

El presidente de la FCP se expresó así durante su participación en el homenaje que la Asociación Nacional de Periodistas de Perú (ANPP) rindió este lunes a los ocho comunicadores peruanos que murieron el 26 de enero de 1983 en la localidad andina de Uchuraccay durante los peores años de la violencia terrorista en el país, en las décadas de los años 80 y 90.

Asimismo, el periodista apuntó a la falta de una «cultura de seguridad» entre los comunicadores, la «degradación laboral» y la poca implicación de los propietarios de los medios con sus trabajadores como algunos de los motivos que fomentan la inseguridad en la profesión.

Junto a Márquez también participaron en el encuentro, titulado «La profesión periodística, la más riesgosa en América Latina», la periodista noruega Aase Hjelde, autora de un libro sobre la situación de la prensa en Perú durante los años de la guerra interna, y el chileno Miguel Humberto Aguirre.

Además, también participaron el embajador argentino en Perú, Darío Alessandro, quien habló de las violaciones a los derechos humanos y la represión a los periodistas durante la última dictadura militar (1976-1983), y Roberto Mejía, presidente de la ANPP.

Antes del encuentro se hizo entrega a los deudos de los periodistas asesinados en Uchuraccay de los certificados que los acreditan como víctimas de la guerra interna.

En 1983, un grupo de ocho periodistas y un guía que informaban sobre la lucha entre el Ejército peruano y el grupo subversivo Sendero Luminoso en la región de Ayacucho fueron asesinados por los pobladores de la localidad de Uchuraccay que supuestamente los confundieron con terroristas.

Según señaló Mejía durante la entrega de los certificados, el asesinato de los periodistas en Uchuraccay fue «el campanazo de alarma» que alertó al país de lo que estaba sucediendo en el interior.

Fuente: EFE

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