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foto: google imagenes

En entrevista con La W, el magistrado José Alfredo Escobar Araújo soltó esta perla: el periodismo colombiano debe hacer un debate ético sobre su papel en la sociedad porque ha perdido el rumbo. Apoyaba su pedido diciendo que los periodistas montan escándalos con hechos y personas que después son absueltos por los jueces. Y ¡cómo no! Citó el caso de Dragacol, en el cual estuvieron envueltos miembros de su familia.

Colombia es un país con una larga historia de impunidad, eso lo sabe el magistrado. Pero es posible que esa historia hubiera sido más larga y ominosa si el periodismo no hubiera puesto en evidencia aquello que muchos administradores de la justicia mantuvieron oculto.

La querella que el magistrado del Consejo Superior de la Judicatura sostiene contra los periodistas que le recuerden la historia de Giorgio Sale y los botines -en la que además figura algún accesorio femenino-, lo lleva a suponer que los jueces no prevarican ni se corrompen nunca. Lo que sucede es que los periodistas mienten.

Y puesto que “mienten”, “calumnian” e “injurian” a personas tan intachables como el magistrado Escobar, al periodismo colombiano hay que hacerle un debate ético. Pero resulta que ese debate lo vienen haciendo los medios de comunicación responsables y los buenos periodistas, contra los cuales el magistrado se querella.

Los jueces que se corrompen o están a punto de corromperse por nimiedades como unos botines (es apenas un ejemplo) no merecen un debate ético. Lo merecen los periodistas que destapan las ollas podridas de la corrupción. Por supuesto que los periodistas también se corrompen. Y si se les prueba que se han corrompido o han violado las leyes, deben ser investigados y condenados por la justicia.

Yo no sé si el magistrado haya seguido la historia del periodismo colombiano de los últimos 30 años. Si lo hubiera hecho, sabría que los periodistas han tenido menos complacencia con narcotraficantes confesos u ocultos que los jueces de la República que los encubrieron y absolvieron. Algunos dijeron después que no sabían que eran narcotraficantes o criminales porque todavía no los habían condenado.

El magistrado podría replicar que los jueces de la República también fueron víctimas en la guerra contra el narcotráfico y la delincuencia política y común. Me anticipo a decirle que tiene razón. Los primeros en exaltar la ejemplaridad de esos valerosos funcionarios han sido los periodistas. Y por hacerlo han sido asesinados sin que la Justicia haya dado todavía con los asesinos.

La querella del Sr. Escobar parece más comprensible si se tiene en cuenta que miembros de su familia estuvieron acusados de actos de corrupción. Pero cuando se le pregunta por qué tantos editorialistas y columnistas de opinión lo ponen bajo sospecha de haber tenido conductas indignas, el magistrado responde que eso obedece al “espíritu de cuerpo” de los periodistas.
¿No sería mejor hablar del “espíritu de cuerpo” que liga al magistrado con los jueces de la República que dependen de él?, pregunto. Pensaba en esto mientras lo escuchaba en la radio. Pero pensaba también que el verdadero “espíritu de cuerpo” de los periodistas consistiría en firmar la reproducción textual y masiva de los artículos que han desatado las iras del magistrado.

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P. D. Muchos columnistas sostuvimos tensas discusiones políticas con Roberto Posada García-Peña, D’Artagnan. No pertenecí a su círculo íntimo de amigos, pero celebré que el periodista -de indudable temple democrático- aceptara la reconciliación que le ofrecí al cocinarle en Cartagena una cazuela de mariscos. Paz en su tumba y mis condolencias a su familia.

Oscar Collazos

Fuente: El Tiempo

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