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Foto tomada de sitiocero.net

Bogotá, 24 de noviembre de 2011. La periodista colombiana Carolina Ángel Idrobo, fue despedida sorpresivamente del diario La Prensa, de Panamá, al que prestaba sus servicios, en lo que según denunció la comunicadora se trata de un despido injusto que tiene de fondo censura ideológica y discriminación de género tras haber hecho cobertura y participado en la manifestación denominada “La Marcha de las Putas”. El despido se produjo apenas 12 días después de iniciado su contrato laboral de tres meses en prueba.

Aunque en la carta de despido el medio argumenta la desatención por parte de Ángel Idrobo de algunas normas del Manual de Estilo y Redacción y el hecho que se encontrara en periodo de prueba, para la Federación Colombiana de Periodistas –FECOLPER, resulta extraño que precisamente el estilo y profundidad de sus informes de denuncia en otro periódico panameño sobre problemáticas binacionales en la frontera con Colombia, fuera lo que motivó a los directivos de La Prensa a hacerle una atractiva oferta de trabajo.

Para Ángel Idrobo, su despido de La Prensa tiene de fondo una evidente censura ideológica y una marcada discriminación de género. “¿Cómo hacer un texto vibrante y emocionar al lector, si al periodista no se le permite sentir nada? Estaba allí (en la marcha) como periodista, pero también como mujer. O ¿para ser periodista debo dejar de ser mujer?”, cuestiona.

En efecto, la colega decidió renunciar a su primer empleo en otro diario en el que llevaba siete meses, para aceptar la propuesta de trabajo en La Prensa, donde empezó el 20 de octubre pasado con la ilusión por llegar al periódico panameño más grande, con un contrato en mejores condiciones laborales y la promesa de que gozaría de total libertad de investigación y creación, es decir que no había censura en “el diario libre de Panamá”.

Pero al contrario, denunció que finalizada la primera semana, enfrentó reparos a su interés de cubrir la “Marcha de las Putas”, una réplica de las movilizaciones de mujeres realizadas en otras partes del mundo, que tuvieron su origen el 3 de abril en Toronto y cuyo detonante fueron las declaraciones de un policía, en una charla sobre seguridad ante universitarios canadienses, en la que recomendó a las mujeres no vestirse “como putas”para evitar ser víctimas de violencia sexual.

“Tres párrafos, consideraron, eran suficientes para la cobertura de un reclamo internacional que tenía su eco en Panamá”, -se quejó la periodista- contra el hostigamiento sexual que sufren las mujeres en los espacios públicos y por la eliminación de las violencias de las que son víctimas cotidianas, problemáticas sobre las cuales recordó ya había trabajado anteriormente y con cuya causa admite estar comprometida.

Al día siguiente recibió un llamado de atención verbal de su editora, por haber cantado y bailado en la movilización, contagiada del fervor de las manifestantes, tras lo cual vino la advertencia que el activismo era incompatible con el ejercicio periodístico en La Prensa.

“Sin saber bien por qué, ofrecí disculpas y me comprometí a no volver a dejarme llevar por la emoción en horas de cubrimiento. No iba a hacer lo mismo con mi vida privada y cotidiana, el periódico no tiene jurisdicción en ella. Suponía que formaba parte del aprendizaje de las reglas de un lugar nuevo”, reflexiona Carolina acerca del incidente.

Pero cinco días después, el 2 de noviembre, la directiva la citó a reunión para notificarle el despido. “Ahora somos el único diario que hace oposición. El gobierno tiene los ojos puestos en nosotros y no podemos correr riesgos contigo”, fue el principal argumento que asegura la periodista le dieron. “¿Riesgo de qué, para quién? La Prensa repite hacia adentro del diario lo mismo que le critica a los gobernantes que abusan de su poder”, concluye.

Además afirma que le fueron vulnerando sus derechos fundamentales a la libre expresión, al debido proceso y al trabajo, primero porque censuraron sus convicciones, segundo porque para el despido no se cumplió la condición previa de tres amonestaciones escritas ni se le permitió presentar descargos, y tercero, porque hoy está desempleada luego que la llevaran a renunciar al trabajo anterior con la promesa de una mejor posición, pero fue despida sin cumplirse siquiera el 30 por ciento del contrato en tiempo de prueba.

Al respecto, la FECOLPER expresó su preocupación por la censura y la eventual discriminación al interior de los medos de información independientes, al igual que los injustos despidos basados en motivos ideológicos o discriminatorios. Al contrario llamó a defender y aplicar la libertad de expresión al interior de sus salas de redacción y no solo a reclamarla hacia afuera a las autoridades estatales.

“La libertad de expresión no puede ser un derecho que solo se reclame de los medios de información hacia afuera, también debe ser garantizado hacia adentro, sin detrimento de los legítimos intereses de la empresa ni el deterioro de la obligada neutralidad o imparcialidad en sus contenidos noticiosos, sostuvo Adriana Hurtado, presidenta de la Federación Colombiana de Periodistas “FECOLPER”.

http://www.fecolper.com.co/alertas/20541-despedida-periodista-colombiana-en-panama-tras-participar-en-marcha-de-las-putas

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